El día que dejé de fumar.
Ya han pasado treinta años desde el día en que dejé de fumar. Aquella noche del 13 de abril de 1995, Pep Cargol machacaba eufórico el aro del Olympiakos en la pantalla de una vieja televisión de catorce pulgadas, y yo lo celebraba estando de visita en un piso de alquiler de un pueblo perdido del Aljarafe sevillano, litrona en mano, encendiendo un cigarrillo tras otro por la incertidumbre del resultado, dando saltos de felicidad a riesgo de romper con la cabeza la única bombilla que alumbraba el salón, sin que el resto de los presentes secundara mi alegría ni entendiese aquella emoción que me corría por dentro. Y es que ninguno comprendía la razón de tanto júbilo. Se la traía floja lo que estaban echando por la tele y que Ramón Trecet, emocionado, perdiese la voz con el acontecimiento, o que el gran Arvidas Sabonis levantase aquella estúpida figura de metacrilato que parecía salida de un bazar y por aquellos años servía de trofeo. ¡El Real Madrid volvía a ganar la Copa de Europa de...