La chica de Los Hombres G
“Si un tren sale de A hacia B, a la velocidad de … y otro tren hace lo propio de B hacia A …”. He de reconocerlo: las matemáticas nunca fueron lo mío. Siempre me faltó la perspectiva necesaria para visualizar los problemas. Mordisqueando el bolígrafo y mirando a las musarañas, soy capaz de imaginar, con grandes dosis de detalle, al tren partiendo de la estación B, con su andén repleto de seres queridos, agitando el pañuelo, despidiéndose. Sentir el olor del gasoil esparcido en la grava que fija al suelo las traviesas de los raíles, e incluso ver, como en las noches de invierno, el viento mece de un lado a otro el cartel “Estación A” sobre el despacho del factor. Escuchar el crepitar eléctrico de la catenaria las tardes de verano, acompañando al canto de las cigarras que se esconden de la canícula en la vegetación de ambos lados de la vía. Oír como chirrían los goznes del acceso al vestíbulo, cuando los pasajeros abren sus puertas batientes, con la vieja madera cuarteada por el ti...