El viaje a la luna
Sentados en un banco, observábamos como frente a nosotros, en
el estacionamiento reservado a los vecinos, un abollado Simca 1000, de color
lechoso, aparcaba con el esfuerzo y las dificultades propias del reducido espacio
existente entre dos coches, en el único hueco disponible, expectorando hollín
por su herrumbroso tubo de escape. Concluida la maniobra, el conductor esperó
unos minutos en el interior del vehículo, hasta que del habitáculo salió un
hombre envuelto en humo de tabaco, muy despacio, con aspecto cansado y aire de
bancarrota; primero sacó una pierna que concluía en una sucia bota blanca de
goma, después el resto del cuerpo, girando hasta quedar de cara a la puerta.
Vestía de blanco, con un mono de pintor acribillado por ráfagas de gotelé, y de
un portazo cerró el coche, encaminándose con paso extenuado allá donde fuese, con tremenda decepción vital. De haber llevado un casco habría parecido un
astronauta recién salido de la capsula de su nave, flotando en la ingrávida
negrura, desapareciendo en la oscuridad de la noche, succionado por el vacío.
- Por tu insistencia en el tema, sospecho que pretendes convencerme de que el hombre nunca llegó a la luna. Que en contra de lo que dicen los mismos hechos y la historia, todo fue un fraude, un engaño con el que los americanos se apuntaron un gran tanto. ¿Y todo esto lo dices en serio o es solo por vacilarme?
Encendió un cigarrillo, inhalando profundamente el humo de aquel veneno, antes de continuar con su perorata.
- ¡Cómo cojones iban aquellos tipos a llegar a la luna! Mira donde está - dijo tapándola con un dedo, una luna llena gravitaba indiferente en el negro espacio ausente de estrellas – ¡Allí, a tomar por culo! tan lejos, que unas veces se ve, otras solo una parte y cuando es de de día ni siquiera eso ¡Cómo iban a llegar hasta allí y además volver! ¡Es de locos! Todo esto del viaje a la luna es una marcianada para lunáticos como tú, aficionados a los programas de Jiménez del Oso, abducidos que os creéis todo lo que huela a ciencia ficción, desde los alienígenas al yeti. La única verdad, créeme, es que los putos yanquis lanzaron un enorme cohete, vacío, del tamaño de un transatlántico, a lo grande, como ellos siempre hacen las cosas, y después se inventaron todo ese rollo montando la película del paseo espacial en un estudio parecido a los de Hollywood. ¡Un hombre caminando por la luna! Como la novela de Julio Verne ¡Alucina! Para convencerte solo te voy a dar un dato. Es científicamente imposible que tres tíos metidos en una lata atravesarán el cinturón de Van Allen.
- ¿Van Allen? ¿Eso no era un grupo de rock? Los de ¡Jump!
- ¿Alguna vez te he dicho que eres imbécil?
- Sí. Bueno, retomando el tema, entonces estás convencido de que me han engañado a mí y al resto de idiotas fácilmente manipulables, que, por tu forma de verlo, seguro que somos más o menos la práctica totalidad de la población mundial. Pero joder, ¿los americanos también se la colaron a la comunidad científica internacional, incluidos los rusos? Piénsalo bien, aquellos días los astrónomos de todo el planeta estuvieron pendientes del viaje espacial, recibieron señales de radio desde el módulo lunar, presenciaron toda aquella hazaña del alunizaje siendo testigos de lo que pasaba en tiempo real. ¿A todos ellos también se la clavaron? ¿Todas y cada una de las seis veces que fueron? Vamos, no me jodas. Una cosa es ser escéptico, pero tu eres un conspiranoico negacionista ¿No serás de los que creen que la luna es un queso, verdad?
- Pues precisamente fue eso lo que pasó, que se las dieron con queso -de una calada consumió buena parte del Fortuna-. Puede que te sea difícil entender hasta dónde llega el poder e influencia de la NASA, pero así es. Todo el mundo sabe que los americanos son unos idiotas que no saben ni colocar un país en un mapa, pero la NASA en cambio es astuta, muy lista, su propio comité de sabiondos. Desde que la crearon, su único objetivo fue ganar la carrera espacial a la URSS, porque sabían que a los rusos les costaría un huevo competir con ellos en medios y presupuestos en esta coña de la conquista del espacio. El viaje a la luna tuvo únicamente por objetivo arruinar económicamente al comunismo, que es en suma el fin último de los capitalistas. Ya a principios de los sesenta el cabrón de Kennedy lo tenía todo bien planeado, y casi diez años después, aquellos supuestos astronautas – dijo haciendo con los dedos ese detestable signo de las comillas - se montaron el papelón de sus vidas en un plató cinematográfico ubicado allá por el área 51, simulando que flotaban, sujetos por cables, dando saltitos a las órdenes de Stanley Kubrick. ¿De dónde iban si no a sacar aquellas imágenes tan buenas? ¡Menudo montaje hicieron!
- Y menudo argumento el tuyo. No se te ha ocurrido pensar que, si fueron capaces de llevar a unos astronautas a la luna, también tendrían los medios de documentarlo.
- Claro, y ¿quién grabó todo aquello, incluido el despegue del puñetero módulo lunar? ¿Aquel Vigilante calvo que salía en los tebeos de los 4 Fantásticos? Hazme caso, aquello fue un timo ideado para primos como tú.
- Pues reconozco que no sé cómo se lo montaron-pensé- pero no por eso la hazaña deja de ser menos creíble. Míralo si no de esta forma. Tomemos este otro ejemplo. Imagina por un momento que un día se te alinean las estrellas, y alguna desesperada de la vida, que ese día esté en la luna, por fin te quita las telarañas de la bragueta para que mojes el churro ¿Qué es lo primero que harías llegado el caso? Contárnoslo a todos. Con todo lujo de detalles. Y aunque no pudieses documentarlo, ya que no le podrías hacer una foto y las circunstancias íntimas del acto te impedirían apoyar tu versión de los hechos, con alguno de esos dudosos testigos con los que siempre acompañas tus relatos, de producirse el fantasioso acontecimiento no por ello sería menos cierto. Al menos para ti, ya que nadie más se lo creería.
- ¿Y qué cojones tiene que ver mi vida sexual con el Apolo 11, más allá de la forma fálica y sus proporciones?
- Pues el acto supuestamente irrealizable de ambas cosas. A saber cuál de las dos es más difícil. Un viaje a la luna o que algún día eches un polvo.
- Y eso lo dice el John Holmes de las pajas –exclamó levantándose del banco, lanzando de un capirotazo lo que quedaba de cigarrillo al jardín – Con esto ya has superado tu cupo de tonterías por hoy. Aquí te dejo, aullando a la luna. Aprovecha, que hay plenilunio. Yo me piro a mi queli. Todavía llego a tiempo de cenar y ver la subasta del Un, dos, tres. A ver si esta noche a los concursantes les toca un viaje en su luna de miel.
- Vale, ¿y a qué hora quedamos mañana?
- A las once en la piscina ¡Y te recuerdo que me debes un talego!- dijo mirándome por encima del marco de sus gafas de pasta- No creas que se me ha olvidado.
- Esa memoria tuya es uno de tus peores defectos.
- Que duermas bien, hijo de la luna.
- Por tu insistencia en el tema, sospecho que pretendes convencerme de que el hombre nunca llegó a la luna. Que en contra de lo que dicen los mismos hechos y la historia, todo fue un fraude, un engaño con el que los americanos se apuntaron un gran tanto. ¿Y todo esto lo dices en serio o es solo por vacilarme?
Encendió un cigarrillo, inhalando profundamente el humo de aquel veneno, antes de continuar con su perorata.
- ¡Cómo cojones iban aquellos tipos a llegar a la luna! Mira donde está - dijo tapándola con un dedo, una luna llena gravitaba indiferente en el negro espacio ausente de estrellas – ¡Allí, a tomar por culo! tan lejos, que unas veces se ve, otras solo una parte y cuando es de de día ni siquiera eso ¡Cómo iban a llegar hasta allí y además volver! ¡Es de locos! Todo esto del viaje a la luna es una marcianada para lunáticos como tú, aficionados a los programas de Jiménez del Oso, abducidos que os creéis todo lo que huela a ciencia ficción, desde los alienígenas al yeti. La única verdad, créeme, es que los putos yanquis lanzaron un enorme cohete, vacío, del tamaño de un transatlántico, a lo grande, como ellos siempre hacen las cosas, y después se inventaron todo ese rollo montando la película del paseo espacial en un estudio parecido a los de Hollywood. ¡Un hombre caminando por la luna! Como la novela de Julio Verne ¡Alucina! Para convencerte solo te voy a dar un dato. Es científicamente imposible que tres tíos metidos en una lata atravesarán el cinturón de Van Allen.
- ¿Van Allen? ¿Eso no era un grupo de rock? Los de ¡Jump!
- ¿Alguna vez te he dicho que eres imbécil?
- Sí. Bueno, retomando el tema, entonces estás convencido de que me han engañado a mí y al resto de idiotas fácilmente manipulables, que, por tu forma de verlo, seguro que somos más o menos la práctica totalidad de la población mundial. Pero joder, ¿los americanos también se la colaron a la comunidad científica internacional, incluidos los rusos? Piénsalo bien, aquellos días los astrónomos de todo el planeta estuvieron pendientes del viaje espacial, recibieron señales de radio desde el módulo lunar, presenciaron toda aquella hazaña del alunizaje siendo testigos de lo que pasaba en tiempo real. ¿A todos ellos también se la clavaron? ¿Todas y cada una de las seis veces que fueron? Vamos, no me jodas. Una cosa es ser escéptico, pero tu eres un conspiranoico negacionista ¿No serás de los que creen que la luna es un queso, verdad?
- Pues precisamente fue eso lo que pasó, que se las dieron con queso -de una calada consumió buena parte del Fortuna-. Puede que te sea difícil entender hasta dónde llega el poder e influencia de la NASA, pero así es. Todo el mundo sabe que los americanos son unos idiotas que no saben ni colocar un país en un mapa, pero la NASA en cambio es astuta, muy lista, su propio comité de sabiondos. Desde que la crearon, su único objetivo fue ganar la carrera espacial a la URSS, porque sabían que a los rusos les costaría un huevo competir con ellos en medios y presupuestos en esta coña de la conquista del espacio. El viaje a la luna tuvo únicamente por objetivo arruinar económicamente al comunismo, que es en suma el fin último de los capitalistas. Ya a principios de los sesenta el cabrón de Kennedy lo tenía todo bien planeado, y casi diez años después, aquellos supuestos astronautas – dijo haciendo con los dedos ese detestable signo de las comillas - se montaron el papelón de sus vidas en un plató cinematográfico ubicado allá por el área 51, simulando que flotaban, sujetos por cables, dando saltitos a las órdenes de Stanley Kubrick. ¿De dónde iban si no a sacar aquellas imágenes tan buenas? ¡Menudo montaje hicieron!
- Y menudo argumento el tuyo. No se te ha ocurrido pensar que, si fueron capaces de llevar a unos astronautas a la luna, también tendrían los medios de documentarlo.
- Claro, y ¿quién grabó todo aquello, incluido el despegue del puñetero módulo lunar? ¿Aquel Vigilante calvo que salía en los tebeos de los 4 Fantásticos? Hazme caso, aquello fue un timo ideado para primos como tú.
- Pues reconozco que no sé cómo se lo montaron-pensé- pero no por eso la hazaña deja de ser menos creíble. Míralo si no de esta forma. Tomemos este otro ejemplo. Imagina por un momento que un día se te alinean las estrellas, y alguna desesperada de la vida, que ese día esté en la luna, por fin te quita las telarañas de la bragueta para que mojes el churro ¿Qué es lo primero que harías llegado el caso? Contárnoslo a todos. Con todo lujo de detalles. Y aunque no pudieses documentarlo, ya que no le podrías hacer una foto y las circunstancias íntimas del acto te impedirían apoyar tu versión de los hechos, con alguno de esos dudosos testigos con los que siempre acompañas tus relatos, de producirse el fantasioso acontecimiento no por ello sería menos cierto. Al menos para ti, ya que nadie más se lo creería.
- ¿Y qué cojones tiene que ver mi vida sexual con el Apolo 11, más allá de la forma fálica y sus proporciones?
- Pues el acto supuestamente irrealizable de ambas cosas. A saber cuál de las dos es más difícil. Un viaje a la luna o que algún día eches un polvo.
- Y eso lo dice el John Holmes de las pajas –exclamó levantándose del banco, lanzando de un capirotazo lo que quedaba de cigarrillo al jardín – Con esto ya has superado tu cupo de tonterías por hoy. Aquí te dejo, aullando a la luna. Aprovecha, que hay plenilunio. Yo me piro a mi queli. Todavía llego a tiempo de cenar y ver la subasta del Un, dos, tres. A ver si esta noche a los concursantes les toca un viaje en su luna de miel.
- Vale, ¿y a qué hora quedamos mañana?
- A las once en la piscina ¡Y te recuerdo que me debes un talego!- dijo mirándome por encima del marco de sus gafas de pasta- No creas que se me ha olvidado.
- Esa memoria tuya es uno de tus peores defectos.
- Que duermas bien, hijo de la luna.
Y se marchó tarareando “Giant steps are what you take,
walking on the Moon”, desvaneciéndose con esa estrofa en las profundidades de
una moribunda nebulosa, allí donde la memoria amortaja los recuerdos.
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