Contigo y sin ti.

Contigo.
Contigo el amor cuando no muere mata, aunque amores que matan nunca mueren.
Eso cantaba Sabina, negándose a tener amores civilizados con catorces de febrero en los que tuviera que cortarse la coleta, columpiarse en el jardín y tener escenas de sofá los domingos por la tarde.
Y es que lo que Joaquín quería era que muriesen por él. Como todos.
De eso tratan las canciones de amor: de un canibalismo naranjístico rico en dopamina. Una tragedia shakesperiana sin lunas plateadas ni rastros de sol.
Qué habría sido de Julieta si no hubiese podido cantarle a Romeo aquello de te estoy amando locamente, con el siempre inconveniente del pero no sé cuando te lo voy a decir.
Mujer fatal, siempre con problemas, exclamaría el señor Montesco, y adiós a las noches de bohemia y de ilusión.
Es la puñetera dependencia de estar tan faltos de aire y tan llenos de nada. Cuando eras single respirabas que daba gusto verte, pero desde que haces burbujas de amor te asfixias.
Y de conciliar el sueño ni hablamos, si hasta has mojado tus sábanas blancas recordándola.
Es lo que decía la madre Teresa de Calcuta: si no te duele no es amor, de modo que a sufrir tocan, con esta experiencia religiosa.
No es de extrañar pues que más de uno renuncie a las flechas del amor quejándose que ya no puede más y que vivir así es morir de eso mismo. Con tantos problemas lo normal es  que litros de alcohol corran por las venas.
De que me sirve llorar si ya se nos rompió el amor de tanto usarlo. No más lágrimas. Lo mejor es que te deje marchar, te pintes la sonrisa de carmín, te cuelgues el bolso que él te regaló, y por la calle del olvido, te vas, me dejas y me abandonas, que mal fin tenga tu mala persona.
Eso me pasa por irme siempre a enamorar de quien de mí no se enamora.
El culpable es ese deseo de bailar pegados. Ese ardiente amor que hace del alma puro calor, y que con tanta pasión quieras tirar los tabiques a golpes de riñón con tal de no quedarte con la chatarra inservible, la basura en el suelo y las moscas en la casa.
Sin ti. 
Ay, sin ti no soy nada.

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