Navidad.
Vísperas de Navidad: la manifestación suprema del amor universal y fiesta más importante del año, ya sea para creyentes como para sufridores del síndrome Grinch.
Querida y odiada a partes iguales, imagen comercial de la Coca-Cola y agosto particular del Corte Inglés, Amazon y AliExpress: gasta mucho y demuestra cuánto amas a tus seres queridos.
El tiempo de volver a casa y que en televisión repongan “Qué bello es vivir”. La noche que descubres que, como los niños, tú también tienes un amigo invisible. La fecha de partida en devota romería, de las muñecas de Famosa que se dirigen al Portal, deambulando como los zombis de George A.Romero por los valles y colinas de Judea.
Como evento la Navidad es un acontecimiento sin competencia. Se come como si estuvieses en una concurso de a ver a quién le encoge más la ropa, se bebe como si celebrases haber ganado el certamen y en algunos casos, compartes esta ceremonia con familiares y amigos dados por desaparecidos los otros 364 días del calendario. El espíritu acogedor de estas fechas.
Por coincidencia con la última hoja del almanaque, es también el momento de hacer balance. De echar en falta a los que se bajaron del mundo, de los buenos propósitos y las promesas incumplidas, y la enésima oportunidad de desear educadamente al vecino un ¡Feliz año nuevo! para no volver a dirigirle la palabra hasta que pasen otros doce meses.
La Navidad es además el momento musicalizado por excelencia. Aunque tengas menos memoria que Dora la Exploradora y cantes peor que el pato Donald comiendo polvorones, seguro que no te habrás resistido a entonar (ya sea en reuniones familiares rascando la botella de anís a panderetazo limpio, o en las cenas de empresa con varias copas de más) aquellos villancicos que te sabes por hipermnesia, tal como el de los peces que beben en el río, el de la virgen que se está peinando entre cortina y cortina o aquel de la burra con timbre que iba camino de Belén cargada de chocolate acompañada por un burrito sabanero.
La Navidad es tan melodiosa que incluso el sorteo de su lotería es cantado por niños con voz de pito: la única vez en tu vida que te jugarás el dinero porque “no vaya a ser que les toque a los demás”.
El momento del año para interpretar el Mesías de Händel y la marcha Radetzky, con campanilleros y tamborileros que van en cabalgata junto a tres Reyes Magos a adorar al Niño, entre ángeles que cantan alabanzas rodeados de toda la corte celestial, esquivando los blancos perros tendidos entre linternas sordas que recitase Lorca.
El renacimiento del sol con el nuevo solsticio de invierno que da paso a la larga Noche del Gallo, y una luna con sueños de grandes abanicos mecida por rapsodias polifónicas que afinan el Adeste Fideles.
Los días que plantarás en el salón de tu casa la imitación de un abeto, comerás fruta escarchada y te pelearás por recoger del suelo caramelos que nunca comerás. El fugaz instante en el que te reencontrarás con la magia mirando a través de la ilusión que desprenden los ojos de tus hijos.
Un cuento de fantasmas que buscan su redención, o un feliz, o desdichado, día de la marmota.
Olanda ya se ve
Querida y odiada a partes iguales, imagen comercial de la Coca-Cola y agosto particular del Corte Inglés, Amazon y AliExpress: gasta mucho y demuestra cuánto amas a tus seres queridos.
El tiempo de volver a casa y que en televisión repongan “Qué bello es vivir”. La noche que descubres que, como los niños, tú también tienes un amigo invisible. La fecha de partida en devota romería, de las muñecas de Famosa que se dirigen al Portal, deambulando como los zombis de George A.Romero por los valles y colinas de Judea.
Como evento la Navidad es un acontecimiento sin competencia. Se come como si estuvieses en una concurso de a ver a quién le encoge más la ropa, se bebe como si celebrases haber ganado el certamen y en algunos casos, compartes esta ceremonia con familiares y amigos dados por desaparecidos los otros 364 días del calendario. El espíritu acogedor de estas fechas.
Por coincidencia con la última hoja del almanaque, es también el momento de hacer balance. De echar en falta a los que se bajaron del mundo, de los buenos propósitos y las promesas incumplidas, y la enésima oportunidad de desear educadamente al vecino un ¡Feliz año nuevo! para no volver a dirigirle la palabra hasta que pasen otros doce meses.
La Navidad es además el momento musicalizado por excelencia. Aunque tengas menos memoria que Dora la Exploradora y cantes peor que el pato Donald comiendo polvorones, seguro que no te habrás resistido a entonar (ya sea en reuniones familiares rascando la botella de anís a panderetazo limpio, o en las cenas de empresa con varias copas de más) aquellos villancicos que te sabes por hipermnesia, tal como el de los peces que beben en el río, el de la virgen que se está peinando entre cortina y cortina o aquel de la burra con timbre que iba camino de Belén cargada de chocolate acompañada por un burrito sabanero.
La Navidad es tan melodiosa que incluso el sorteo de su lotería es cantado por niños con voz de pito: la única vez en tu vida que te jugarás el dinero porque “no vaya a ser que les toque a los demás”.
El momento del año para interpretar el Mesías de Händel y la marcha Radetzky, con campanilleros y tamborileros que van en cabalgata junto a tres Reyes Magos a adorar al Niño, entre ángeles que cantan alabanzas rodeados de toda la corte celestial, esquivando los blancos perros tendidos entre linternas sordas que recitase Lorca.
El renacimiento del sol con el nuevo solsticio de invierno que da paso a la larga Noche del Gallo, y una luna con sueños de grandes abanicos mecida por rapsodias polifónicas que afinan el Adeste Fideles.
Los días que plantarás en el salón de tu casa la imitación de un abeto, comerás fruta escarchada y te pelearás por recoger del suelo caramelos que nunca comerás. El fugaz instante en el que te reencontrarás con la magia mirando a través de la ilusión que desprenden los ojos de tus hijos.
Un cuento de fantasmas que buscan su redención, o un feliz, o desdichado, día de la marmota.
Olanda ya se ve
Todo cierto
ResponderEliminar☺☺☺☺ fiel reflejo de la realidad👌👌👌👌👌el absurdo elevado al cuadrado 🌟🙃
ResponderEliminarNo se puede describir mejor!
ResponderEliminarSíntesis de lo que vivimos estos días
ResponderEliminarEn las navidades de 1984, para hacer caja, los Queen cantaban: “Gracias a Dios es Navidad”. Sin embargo esto de la Navidad al parecer fue un invento de la Iglesia Cristiana temprana, a la cual le venía mejor celebrar el nacimiento de Jesús el 25 de diciembre que un día sin concretar de verano (fecha más probable). El motivo, reemplazar la fiesta pagana de las Saturnales, en la que durante esas fechas, en honor a Saturno, dios de la agricultura, se celebraba el renacimiento del sol con la llegada de días más largos. La Iglesia absorbió el éxito de aquellos banquetes de jolgorio desenfrenado, para transformarlo después a su gusto, sabedora de que para levantar una estructura de poder centralizada y duradera no hay nada más práctico que el monoteísmo: los paganos iban a su bola y eran demasiado carnavaleros y tolerantes con los otros ritos, lo cual hacía imposible disciplinarlos de acuerdo a sus severos valores religiosos. Así que lo mejor fue inventarse la Navidad tal y como la conocemos, con sus incomestibles peladillas, burbujas Freixenet y niños de San Ildefonso que nunca cantan tu número. Jesús de Nazaret nacería en verano pero Cristo lo haría en diciembre. En lo referente a la fecha, es como los de Bilbao, que nacen donde quieren.
ResponderEliminarFeliz año nuevo, Alfonso!
ResponderEliminarIgualmente Tania. Te deseo un feliz 2026 a ti y a toda tu familia.
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