Back to Black.

De un tiempo a esta parte, la gente se muere.
Y ya no mueren como antes. 
Antes morían los que caían con el dedo pegado al gatillo, los milicianos fotografiados por Robert Capa, los rostros jóvenes en fotos viejas, los calvos y desdentados, los abuelos que padecían descomunales hernias inguinales. Morían los que bailaban pasodobles en las bodas, agarrados sin sentido del ridículo, ahorcados con anchas corbatas pasadas de moda y un Farias en la boca. Los del amor sin sexo, los de pijama desgastado, los que que posaban en mitad de un descampado con cara de paleto y mono de mecánico, las señoras gordas con bata a las que su marido ya no besaba, los niños hambrientos mantenidos con caldo de sobre Sopicrem, los pájaros de jaula. Los despeinados con olor a orina, los que lucían domésticas lámparas de aceite de girasol en camisas viejas con cercos parduzcos en las axilas, los de mal aliento, dermatitis y flácidas papadas mal afeitadas, los aislados en su propia miseria.
Se morían los que tarde o temprano iban a morir, porque más pronto que tarde ya les tocaba.
Ahora, en cambio, la gente se muere en modernidad, sin empacho de olor a puchero ni sabor de saladas lágrimas en sillas cojas, y es entonces cuando todo cobra una nueva perspectiva, pues como decía Chiquito: "Ahora se muere gente que antes no se moría".
Inesperadamente fallece el compañero de trabajo con el que hace pocos días celebraste un copioso almuerzo, y aquel vecino deportista de sanos hábitos que impecablemente equipado hacía footing con los rizos del cabello engominados. Se muere el amigo de ese amigo al que todas las suposiciones se refieren, y Superman, harto ya de tanta kriptonita. Se muere el rey del pop, el príncipe de Minneapolis, y aquel tipo tan buena gente que sostenía el salto de confianza de Baby Houseman para salvar su verano en ese aburrido centro vacacional. Mueren el creador del surrealismo onírico y el brillante genio cascarrabias que al primer incordio te mandaba a la mierda.
Se muere quien te cantaba desde los surcos de vinilo hablando de hombres de las estrellas que vendían el mundo. El que con voz de tenor quería liberarse y conjuraba distintos tipos de magia. El que antes de pasar unas últimas navidades contigo, bailaba con una camiseta donde te animaba a elegir la vida y a cambio solo te pedía que le despertaras antes de irte. El que con sus baquetas llevaba el compás de Lili Marlen, con la vista privilegiada del menear de aquel culo por el que toda la España pajillera suspiraba. 
Por morirse, incluso el club de los 27 hizo una nueva socia, en otro retorno al Back to Black. 
Es así como todo se vuelve color de luto y los gusanos - esos emperadores de la dieta proclamados por Shakespeare - van fabricando huecos con su hambre infinita. Es así como los que te han acompañado, en un momento u otro de tu vida, se convierten en eternidad, sin tiempo de recoger el contenido de su taquilla, sin desgarrar las capas de la existencia, sin necesidad de consecuencia, ni trompetas de Jericó que anuncien su prematuro fin. 
Sin luctuosos crisantemos ni resinas aromáticas que les guíen, y sin gimoteantes plañideras ni ofrendas funerarias, se evaporan, transformándose en fantasmas; en imágenes asociadas que desde la pantalla interior de la memoria te mirarán directamente a los ojos cuando el silencio grite en tus oídos, convirtiéndote en el superviviente de una tragedia.
El telón se abre y cierra. Alumbra vida, enciende aplausos y acalla voces con responsos llenos de presagios.
Polvo somos.

Comentarios

  1. Cada vez mejor, no dejes de publicar. Gracias 👍

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  2. Aunque está actualizado, este relato lo escribí poco tiempo después de la muerte de Amy Winehouse, de ahí el título. Dicen que la muerte es aquello que les pasa a los demás. De niño tienes una escasa percepción sobre ello: los abuelos (por ley de vida) y para los de mi generación, como referentes culturales, fueron el payaso Fofó y Félix Rodríguez de la Fuente. Poco más. Conforme vas cumpliendo años estas referencias van en aumento, y las filas de ausentes crecen con amigos, familiares y compañeros de trabajo. Fernán Gómez y David Lynch ya no harán más películas, ni se publicarán más discos de Freddie Mercury, Bowie, George Michael y muchos otros. Antes de que te des cuenta habrá llegado el fin de muchas personas que de un modo u otro te han acompañado en la vida, y es así como todo cobra una nueva perspectiva, pues de una forma u otra, con el paso de los años, la muerte deja de ser un evento ajeno.

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  3. Este me ha encantado... Si Sabina te hubiese leído, le habría valido para publicar diez discos más

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