De este lado de la pared.

El zumbido del motor de la depuradora resuena desde la cercana piscina, y un sedante olor a cloro viaja a través del aire, acompañado del intermitente sonido de los aspersores que, a ráfagas, riegan el césped con un hipnótico ruido de fondo, ametrallando el silencio con un repetido runrún, como la constante vital de otra mañana cualquiera de principios de verano. 
El cielo, salpicado de quietos y esponjosos cúmulos, es el decorado por donde el sol comienza su diaria y lenta ascensión hacía el cénit. En su recorrido el tiempo parece haberse detenido, invisibilizando las sombras, iluminando con su resplandor este pequeño momento por el que las golondrinas gorjean sus chillonas notas en vuelos rasantes a toda velocidad. 
En un piso cercano, en la segunda planta de una de las torres, una chica ordena su habitación. Lleva puesta una minúscula camiseta de tirantes con un cohete estampado del viaje a la luna. La hemos visto pasar un par de veces frente a la ventana, bailando, coqueteando con espectadores imaginarios, moviendo el cuello y balanceando la coleta de un lado a otro, con la pretensión de ser un atractivo foco de atención. Por su ventana escapa una canción de los Smiths “She is famous, she is funny. An engagement ring doesn't mean a thing …”
- Sabes, los pegotes de cemento de esta puñetera pared se me están clavando en la espalda.
- Si. Yo también los noto.
- El tipo que hizo esto no era muy fino. En mis cervicales noto mucho margen de mejora por como rellenó los huecos entre ladrillos. No ha enrasado ni uno y la ha dejado como la cama de un fakir.
- Trabajaría a destajo. Seguro que porque le pagaban poco. Otro caso típico de explotación capitalista.
- Ya ... Pues se ve que en venganza, el proletariado no ha escatimado con el palustre. Por el grosor está claro que el cemento no lo pagaba él. 
- Se llama principio de reciprocidad. Das lo que recibes. Seguramente, con su disimulado acto reivindicativo, querría plasmar una denuncia contra la explotación laboral y la división de clases.
- Vete tú a saber. 
- O tal vez, disimuladamente, durante la peonada se las ingenió para construir un particular refugio atómico, que le sirviese de protección durante su jornada de trabajo. 
- Eso ya no lo pillo.
- En los periódicos aseguran que no se sabe cuándo caerá la primera bomba. 
- Tú no lees periódicos.
- Pero mi padre sí, y dice que la guerra fría se está calentando. 
- Como todos los años al llegar el verano. 
- Una cosa es segura: la pared no se nos va a caer encima. Tendrá sus defectos estéticos, pero es una obra consistente y sólida, de resistente cimentación ¡Brutalismo monumental!
- ¡He aquí la pared como acto revolucionario! ¿Dejadez, refugio o un particular muro de Berlín? 
- Un simbolismo metafórico entre el pecado de la pereza y aquello que nos divide, separa y protege ¡El triunfo de lo robusto ante lo decorativo! 
- Vale ¿Y no sería más acertado pensar que simplemente quien la levantó era un manazas? ¿Qué conjetura si no explicaría las aristas de cemento? ¿Una audaz desornamentación, quizá?
- Se ve que no entiendes de esto. Las puntas que se están clavando en tu espalda, representan las clásicas tensiones que nos fuerzan a salir de nuestra comodidad conceptual. Sin dificultades no se avanza.
- Pues me apuesto lo que quieras a que quién la hizo era un emigrante de las zonas rurales.
- ¿Y cómo has llegado a esa conclusión?
- Porque en los pueblos todo se hace a conciencia.
- Y tú cómo lo sabes, si nunca has estado en un pueblo.
- Porque nuestro diseñador de tapias conceptuales no sabía cómo funcionan estas cosas en la ciudad. 
- ¿Insinuas que se pasó de minucioso representando su paradigma? 
- Veo que me sigues. Al fin y al cabo esta no es más que una pared de ladrillos provisional de un local en venta. Cuando lo traspasen la tirarán para poner el escaparate de algún negocio y ¡A tomar por el culo la cimentación sólida y conceptual! 
- Interesante deducción. Hoy estás en pie y mañana eres escombro. La fragilidad de toda existencia.
- ¿Imaginas que negocio pondrán cuando lo vendan?
- Un sex shop sería un acierto. Con esta novedad del vídeo comunitario el porno tiene mucha demanda. Todos los viernes ponen una peli X de madrugada, y ya sabes lo rápido que se le coge vicio al gusto de las experiencias ajenas.
- Pues yo todavía no he visto ninguna. Me es difícil conseguir una excusa para quedarme despierto hasta tan tarde. La acostumbrada de los deberes del instituto no me sirve durante las vacaciones de verano.
- ¿Te acuerdas cuando nos colamos en el cine a ver La Tigresa de Siberia?
- Nos quedamos con las ganas. 
- ¡Putos jevis!
- En lo referente a eso del comercio, también puede que monten una tienda de artículos para niños: carritos de bebés, cambiadores, pañales y esas mierdas. Los niños son el futuro.
- No está mal pensado. El índice de natalidad sigue en auge y hay muchas parejas jóvenes en el vecindario. A la gente aún le da mucha vergüenza comprar preservativos en la farmacia, y con esto del folleteo televisivo de los viernes seguro que habrá una práctica incontrolada. Esto tiene sus consecuencias nueve meses después. Mi padre no deja de recordármelo.
- Pues podía ahorrarse el consejo. No conozco a nadie que tenga menos éxito con las chicas que tú.
Aquella otra, la del segundo piso, subía el volumen para bailar “Close to Me”. Asomada a la ventana de su cuarto abierta de par en par, se contoneaba meneando las caderas, moviendo los brazos hacia delante y detrás, coordinando los pasos al ritmo de la hiperventilada respiración de Robert Smith. 
- Y digo yo ¿no hay otro sitio mejor para sentarnos? Lo pregunto porque estoy sudando, tengo la espalda despellejada por el sol y estas jodidas puntas de mortero me están apuñalando los trapecios y dorsales. Si vamos a estar tirados en el suelo, qué más da aquí que allí.
- Pues que allí hay poca sombra - dijo dando un trago de cerveza - y que este lado de la calle está más limpia. Además, el jardinero se está esforzando en regar bien esa parte de la acera para que no nos acerquemos. 
- Ya veo.
- Aún no nos ha perdonado que de niños le estropeáramos sus preciosos setos de aligustres jugando al fútbol - dijo riéndose.
- ¡Cabrón rencoroso! 
- No se lo tengas en cuenta. Esta gente se toma muy a pecho su trabajo. Los jardineros son los guardianes del orden en las urbanizaciones, por eso le cuentan al presidente de la comunidad cuanto pasa en el barrio. 
- Ya te digo. Por su mujer es como mi madre se entera de todo cuanto hacemos. 
- Y le pone al día a la mía. 
- Seguro que también le contará que hoy, a las once de la mañana, nos ha visto bebiendo cerveza tirados en el suelo.
- Bah, solo es una litrona - empinó la botella de cristal marrón de Mahou dando otro largo trago -. La otra noche, en Más vale prevenir, dijeron que la cerveza es más efectiva que el agua para recuperarse de los esfuerzos del deporte.
- ¿Tú ves Más vale prevenir?
- Yo veo lo que echan por la tele, como todos.
- ¿Y qué quieres decir con eso del deporte? ¿No llamarás “deporte” a esto que hemos hecho?
- Por supuesto. Deberías tenerle más respeto al tenis: es un juego de caballeros.
- Seguro, aunque la idea de alquilar la pista a la única hora que nadie quiere jugar, para estar … ¿Oye, cuánto tiempo hemos estado jugando?
- Unos veinte minutos - dedujo mirando el reloj - Cuarto de hora arriba, quince minutos abajo.
- Pues eso. Para no dar ni una al revés, y encima me engañes con esas puntuaciones tan raras de los quince y los treinta iguales, con dos raquetas que parecen sacadas del contenedor de la basura y estas cuatro pelotas calvas que te han prestado, no es exactamente la idea que yo tengo de un juego de caballeros.
- Ya sé que en la tele parece que Lendl, McEnroe y Wilander juegan a otra cosa, pero es que adolecemos de buen material - dijo dando una profunda calada al Fortuna, escuchando el sonido que como un metrónomo producía en la pista de tenis el impacto de otras dos buenas raquetas golpeando pelotas recién estrenadas -. Mejoraríamos mucho si tuviésemos una de esas raquetas de aluminio que hay tan molonas ¿A quién se le ocurriría diseñar unas raquetas tan guays? Quién las inventó era un genio. No tener un par de ellas es el motivo por el que el tenis no se nos da bien. Nos falta equipamiento.
- Salta a la vista - le señalé observando su atuendo - También mejoraríamos con un perro adiestrado que nos trajese de vuelta las bolas que lanzas por encima de la valla, a modo de recogepelotas, ya me entiendes. Buscándolas se nos han ido esos veinte minutos y por no encontrarlas hemos perdido el resto de la hora. Quién sea su dueño, ya puede darlas por perdidas. Como las tres libras que ha costado el alquiler de la pista.
Le dió otra fuerte calada al cigarrillo, y dibujando anillos con el humo hizo ademán de quitar importancia a ese mercantilista sentido de la propiedad que, por educación política, siempre le producía rechazo.
- No desesperes. Aún nos queda mucho verano para mejorar. 
- Pues ahora tendremos que comprarle unas pelotas nuevas. O mangarlas ¡Qué gran negocio el nuestro!
- Anótalo en la cuenta de pérdidas por dar raquetazos a lo bestia. Te lo he dicho muchas veces: careces del necesario toque sutil para las dejadas. 
- Yo también pensé que sabías jugar. Aunque ya me pareciste sospechoso cuando me soltaste aquella trola de que Joe DiMaggio había ganado varios Wimbledon. 
- Así fue ¡Y cuatro “rolangarrós”!
- ¿Estás seguro? Porque a mí me suena que ese tío jugaba al béisbol.
- Yo siempre estoy seguro, el aspecto es solo para despistar. Lo que ocurre es que ha pasado tanto tiempo que ya no ponen imágenes suyas en la televisión, pero el viejo Joe fue un gran tenista y un maestro del “pasinchok”.
- ¿Esa no es una canción de Georgie Dann, el de “El negro no puede”?
- ¡No sabes cuánto te admiro! ¿Sabías que eres un perfecto gilipollas? Seguro que algún año te dan un premio.
- Oye, y te imaginas cuando dentro de muchos años tampoco haya imágenes nuestras. Cuando esta dichosa pared ya no exista y todo lo que haya de este lado haya también desaparecido y sea cosa del pasado. Cuando lo que ahora es, se convierta en aquello que será, y de ese sex shop o la tienda de bebés que monten al otro lado, con el paso de los años y sus sucesivos traspasos, tampoco quede ya ningún recuerdo. Cuando en vez de los niños, el futuro sea de los viejos, y del video comunitario nadie se acuerde, ni se usen palabras como “libras, guay o molona”. Cuando la percepción que hoy tenemos de la realidad se enfrente a la verdad, y nuestro mundo deje de existir y ya ni siquiera nos recuerden por aquello que fuimos.
- Joder ¿Aún no hemos cumplido los dieciocho y pretendes ser recordado? 
- No sé - medité - Es que a veces pienso que ahora vemos el mundo tal y como debería ser, pero ¿qué ocurrirá cuando descubramos cómo es?
- Pues que ambos, el mundo y nosotros, nos llevaremos una gran decepción. Eso sí el apocalípsis nuclear no precipita el fin antes de que lleguemos a conocernos ¿O no te has enterado de lo que ha pasado en Chernobyl? 
- Yo no veo Más vale prevenir. 
- ¡Puto ignorante! Moriremos por radiación entre terribles sufrimientos y tú tan tranquilo.
- Bah, tampoco será para tanto. Pase lo que pase, ocurra lo que ocurra, lo veremos juntos ¿a que sí? Bebiendo cerveza, igual que ahora. Recordando este preciso instante. Ya habrán pasado los años y exclamaremos con nostalgia: “¡Te acuerdas de aquel día de verano del 86, en que estuvimos aquí sentados, apoyados en una pared que ya no existe”
Mirando a la nada, se quedó un largo rato en silencio. Sin apenas parpadear, ausente en su mundo privado, meditando en la conjetura de ese provenir siempre en delicado equilibrio. 
El aire traía un intenso aroma a hierba mojada y recién cortada y en la habitación del segundo piso el poder del amor de Huey Lewis había tomado el control, como una desesperada señal que, emitida a través del tiempo, acelera hasta alcanzar las 88 millas por hora con la intención de regresar al futuro y poder volver a casa. 
Una luz extraña le hizo levantar sus gafas de pasta para frotarse los ojos con el pulgar y el índice. Después encendió con calma otro cigarrillo, apurando lo que quedaba de cerveza. 
- ¡Mira! Ya van a abrir la piscina. 
- ¿Echamos otro litro o nos damos un baño?
- Tú mismo. Ya sabes que de los dos eres el socio capitalista.
- Entonces toca baño, que es comunal y gratis. Además, me estoy meando. Así que deja de filosofar y haz algo útil: levántate y devuelve el casco en la bodega. Y acuérdate que esta tarde vamos al Calayonga, por lo que lleva dinero. Aquello no es una bodega para borrachingas como esta. Es un sitio de categoría, con lo que ponte presentable.
- Vale - dije levantándome y cogiendo la botella vacía, repasando mentalmente qué prendas de mi vestuario podrían considerarse presentables, me sacudí la suciedad adherida al trasero del bañador y girándome a él le pregunté - ¿Y estás seguro que ella irá por allí?

Comentarios

  1. Me encanta!!! Cada vez que leo un relato tuyo acabo nadando entre una banda sonora espectacular!!! 😍😍😍😍

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  2. Muchas gracias. Para la ocasión, la chica que baila en su habitación, eligió: The Smiths - Rusholme Ruffians.
    The Cure - Close to you.
    Huey Lewis and The News - The Power of love (la canción ideal para viajar al futuro, o en este caso, al pasado).
    Todas ellas publicadas en 1985. Un año anterior al relato.

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  3. Magnifico otra vez don Alfonso. Lo veia en pantalla grande, es ideal para guion de cine, serie o comic, es que supera a la novela por su grafismo, creo.

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  4. Muchas gracias. Que os guste, es siempre la mejor motivación para seguir publicando.

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  5. Me gustó mucho. Gracias por compartir! 🥰🥰🥰

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