Piedras, pobres y moscas.
¿Habrá algo más molesto que una mosca? Sobre todo en otoño, cuando se vuelven más insoportables que un solo de piano de Richard Clayderman. En el mercado, esperando a ser atendidas por el pescadero, las señoras dicen que es porque se van a morir - las moscas- y que por eso se vuelven tan pesadas. Parece que hasta ellas tienen fecha de caducidad – nuevamente las moscas. Investigando he descubierto que en verano llegan a vivir varias generaciones de moscas, y que con la llegada del frio hibernan, como los osos o las canciones de Enrique Iglesias. Un día escuché a un filósofo decir que Dios ama a las piedras, a los pobres y a las moscas, y que por eso hizo tantas de estas cosas. En los afectos del Señor una creación acaba irremediablemente apegada a la otra, de ahí esas fotos de pobreza extrema con niños hambrientos sentados en una piedra, con los ojos abiertos, como platos vacíos por donde siempre ronda una mosca - sin sopa. A pobre flaco todo se vuelven moscas gordas, y por mucho ...